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El miedo a pensar

Hace un tiempo expresé que esa cuestión de andar haciéndose el neutral, o el independiente no me parece correcta. Esa idea de querer equilibrar artificialmente la balanza. No obstante hay una actitud que también es peligrosa, y es la de exigir la alineación a un proyecto, idea, ideología, o similar al 100%. Considerar a cualquiera que no lo hace como un traidor es peligroso.

Es lo que ha pasado esta última semana con la nota de José Pablo Feinmann en La Nación. Parece que muchos que apoyan la gestión de estos últimos gobiernos criticaron duramente a Feinmann. Como alguien que ha votado en las últimas elecciones al FPV, me parece injusto y riesgoso.

Es peligroso desestimar la inteligencia que puede aportar JP Feinmann. Este filósofo no representa como podría ser Lanata, a ese progresismo licuado que solamente se escandaliza por las excentricidades o excesos de los años neoliberales.

Es cierto que Feinmann comete algunos errores en su exposición a La Nación. Una de ellos es justamente haber pecado tal vez de ingenuo. Algo que él mismo reconoce. Es obvio que La Nación iba a recortar esa parte de la realidad que a su ideología de más de 100 años le conviene.

Pero sería también muy útil reconocer que Feinmann les dice en la cara al diario mitrista algo que la corporación mediática opositora al gobierno se niega a reconocer: Que tras ese discurso republicano y pseudo-democrático ellos han sido grandes responsables de la violencia en el país que ha traido consecuencias hasta el día de hoy. Basta solamente con escuchar con el reportaje atentamente.

Eso es lo que deberían darse cuenta y valorar quienes apoyan a este gobierno. Exigir lealtades ciegas o acríticas empobrece. Como así también esparcir el miedo a pensar.

Finalmente es tristísimo el papel de ciertos comunicadores, algunos que son adictos históricos a los grupos de violencia pseudoinstitucional, otros por conveniencias económicas, y otros que ingenuamente creen estar obligados a una ridícula neutralidad.

Es tristísimo, por que quieren tomar como propias las críticas que realiza Feinmann, porque en realidad toman solamente las que le conviene. Y porque son incapaces de construir un discurso propio y genuino que reciba el apoyo popular en las urnas.